Palacio Belvedere
De camino a España paramos un par de días en Viena.
Ese día cogíamos el avión a Málaga Charlito, Marjorie y yo. Y allí estábamos tan tranquilos paseando por el Palacio Belvedere 2 horas antes, sin darnos cuenta que se suponía que ya teníamos que estar en el aeropuerto.
Llegamos por los pelos, gracias a que el tren al aeropuerto se retrasó unos minutos (los austriacos esperando en la estación estaban visiblemente enfadados, como si hubiera sido algo terrible, que seguramente lo sería para ellos). Pero para nosotros fue una bendición, porque si no, hubiéramos tenido que esperar 35 minutos hasta el siguiente tren. O salir a la calle a pillar un taxi. Y seguramente perder el avión.
Llegamos corriendo, y nos equivocamos de terminal. Corriendo otra vez y Charlie ayudando sujetando desde su sillita con una mano una maleta con ruedas, muy serio él, consciente de la situación.
Llegamos al mostrador y resulta que el billete de Charlie no existía, al parecer al realizar el pago online no había sido incluido. El hombre del mostrador nos miró, y tras pensarlo un momento nos dijo que lo podía arreglar, llevando a Charlie en brazos. Siempre estaré agradecido a esa persona.
Corriendo otra vez, y cuando ya estábamos sentados en el avión nos dimos cuenta de que habíamos olvidado una maleta en el embarque. La recuperamos y por fin volamos hacia Málaga. Todos los niños que viajaban lloraban por el dolor en los oídos por la descompresión, pero Charlito tan pancho. Es un experimentado viajero.
Ese día cogíamos el avión a Málaga Charlito, Marjorie y yo. Y allí estábamos tan tranquilos paseando por el Palacio Belvedere 2 horas antes, sin darnos cuenta que se suponía que ya teníamos que estar en el aeropuerto.
Llegamos por los pelos, gracias a que el tren al aeropuerto se retrasó unos minutos (los austriacos esperando en la estación estaban visiblemente enfadados, como si hubiera sido algo terrible, que seguramente lo sería para ellos). Pero para nosotros fue una bendición, porque si no, hubiéramos tenido que esperar 35 minutos hasta el siguiente tren. O salir a la calle a pillar un taxi. Y seguramente perder el avión.
Llegamos corriendo, y nos equivocamos de terminal. Corriendo otra vez y Charlie ayudando sujetando desde su sillita con una mano una maleta con ruedas, muy serio él, consciente de la situación.
Llegamos al mostrador y resulta que el billete de Charlie no existía, al parecer al realizar el pago online no había sido incluido. El hombre del mostrador nos miró, y tras pensarlo un momento nos dijo que lo podía arreglar, llevando a Charlie en brazos. Siempre estaré agradecido a esa persona.
Corriendo otra vez, y cuando ya estábamos sentados en el avión nos dimos cuenta de que habíamos olvidado una maleta en el embarque. La recuperamos y por fin volamos hacia Málaga. Todos los niños que viajaban lloraban por el dolor en los oídos por la descompresión, pero Charlito tan pancho. Es un experimentado viajero.

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